Cuatro años sin Jesús Arias

Hace 4 años nos dejaba uno de esos genios únicos que de vez en cuando la vida nos regala, y lo hace para demostrarnos que este ejercicio melancólico que es vivir, puede hacer con mejor calidad. Jesús Arias fue, en mi imaginario, un hombre unido a una guitarra. Pero decir eso es no hacerle justicia a su enorme talento.

Jesús Arias el día que pregonó las fiestas del Zaidín

No fuimos amigos. Compartimos durante muchos años profesión, pero no coincidimos en muchos sitios realizando las mismas coberturas. La única vez que compartí con él un puñado de horas fue en una boda. Los novios nos sentaron en la misma mesa y allí tuve la ocasión de hablar largo y tendido con él, especialmente de música. Creo que Jesús hablaba siempre de música, y lo hacia desplegando todos los conocimientos que atesoró como uno de los padres musicales de una época muy determinada de la historia musical de Granada, que siempre significa hablar de una parte muy importante de la música española.

Como en tantas otras cosas en mi vida, a los Arias, a la música granadina, a un sinfín de cosas importantes llegué muy tarde. Fueron otras personas importantes las que me abrieron caminos y me permitieron descubrir historias que ahora son imprescindibles para mí. Gracias a esas personas comprendí que mientras los focos mediáticos se colocaban en aquella cosa que se llamó ‘Movida Madrileña‘, una generación de granadinos ponía la semilla de lo que posteriormente ha sido -y es- un fenómeno musical único y exclusivo. Entre ellos estaba Jesús Arias. Y junto a él su hermano Antonio.

Si los Arias, en lugar de en la Chana hubiesen nacido en Liverpool, Manchester, Seattel o Detroit, estaríamos hablando de artistas a la altura de Bob Dylan, David Bowie o Eric Clapton. Y no exagero. La brutalidad de sus creaciones, la entidad creativa de la que siempre hicieron gala para nuestro disfrute, jamas dejaron indiferentes a nadie. Ambos han jugado en otra liga, y cada una de sus obras ha supuesto una apertura de caminos disruptivos que se salían de una presunta ortodoxia musical, si es que eso alguna vez existió en esos 80 y 90 de aquella Granada en la que hasta Joe Strummer se rindió.

Siempre que se habla de cultura se pone en valor el trabajo de esos agentes que la dinamizan, que la hacen circular por las venas de la ciudad, transportando todo el alimento que sus creaciones depositan en sus órganos más vitales. Jesús y Antonio, los hermanos Arias, más que dinamizadores han sido -Antonio lo sigue siendo; la obra de Jesús también- fueron la dinamita que lo hacía saltar por los aires. Desde cada uno de sus proyectos musicales, sus bandas, sus creaciones provocaban unas explosiones creativas que sacudían el árbol de lo presuntamente correcto, de manera que se convertían en el motor de arranque de las creaciones del resto de lo que los artistas locales de ese momento indagaban y construían. Y mientras eso pasaba, ellos ya iban buscando nuevos caminos, siempre por delante con varios cuerpos de ventaja.

Por eso no es de extrañar que los Arias estén unidos a nombres que son indispensables en la historia de la música en España: Omega o Lagartija Nick son solo dos ejemplos. El talento, la magia, atraen magia y talento y con esas dos cualidades, la genialidad se siente completamente libre para fluir y presentarse de maneras muy diferentes, todas brillantes, todas únicas, todas irrepetibles.

En cualquiera otra ciudad del Reino Unido o Estados Unidos, este cuarto aniversario de la ausencia de un genio como Jesús, habría llenado las calles de flores, velas y canciones. Aquí, en esta ciudad compleja y poliédrica, en ocasiones tan madrastra de cuento, la desaparición de Jesús ha sido recordada por un precioso artículo de quién compartió con él amistad y redacción, que a modo de luz de emergencia lanza una señal al cielo de nuestra memoria para que Jesús, su talento y su obra no se marchen nunca.

Ahora que vivo en la Chana, a escasos metros de su casa, cada vez que contemplo el mural que se inauguró hace unos años dedicado a Jesús, soy más consciente de lo que significó para una ciudad que no creo que sepa todo lo que Arias le dio y todo lo que Arias parió desde ella para el resto del mundo. Mi deseo es que Granada alguna vez sepa y valore lo que Jesús, Antonio y tantos otros han hecho para que su nombre brille en todo el mundo como una tierra a la que peregrinar para encontrarse con sus genios tomando unas cañas en el Soria o en las torres.

Mural dedicado a Jesús Arias inaugurado en 2017

1 comentario en “Cuatro años sin Jesús Arias

  1. Juan Ignacio 08/12/2019 — 10:39

    Hermoso es…

    Me gusta

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