¿Granada 2031?

¿Una ciudad que aspira a ser Capital Cultural Europea para el año 2031 se puede permitir el lujo de maltratar a su emblema cultural más importante? En cualquier cabeza que pensara dentro de los ámbitos naturales de la lógica más común, pensaría que no. Pero en Granada ya sabemos que todo es posible.

Más allá de que el Ayuntamiento de Granada haya decidido meter un dedo en el ojo del Festival Internacional de Música y Danza paralizando la cesión – vete a saber por qué razón- del inmueble para su nueva sede, un edificio municipal, de carácter histórico, situado en el centro de la ciudad, estamos asistiendo a una demostración clara de que la ausencia de proyecto que protagoniza la errática y dañina política del bipartito de Granada, también se traslada a la sección cultural del gobierno. Aunque aquí tengamos quizás un elemento cualitativo que hace más llamativa la parálisis actual, pues la única bandera que esta gente ha sido capaz de izar, roída y sucia, es la de la Capitalidad Cultural Europea a la que aspira Granada para el 2031.

Y ahora insisto en la misma pregunta con la que iniciaba este post y añado, ¿una ciudad que aspira a eso puede poner sobre la mesa una política cultural basada en el recorte constante? Quizás deberíamos, por una vez empezar las obras de la casa por los cimientos y trazar una hoja de ruta que, en primer lugar sitúe el escenario claro de lo que supone ser ciudad candidata, qué razones nos llevan a postularnos en tal sentido y qué vamos a hacer.

Granada recuperó la música en directo

En el periodo 2016-2019 se pusieron los espartos para generar un debate ordenado y partiendo de la casilla de salida. La exposición ‘Cuaderno de Biotácora’, que el Ayuntamiento consiguió traer en colaboración con algunas entidades financieras y el Consistorio de San Sebastián, pretendía mostrar a la opinión pública qué diablos era eso de una capitalidad cultural. A su lado, charlas y presencia de nombres culturales con voz y referencia en ese campo, también se pudieron oír. En suma, no era descabellado acudir a la última ciudad española proclamada Capital Cultural Europea y conocer cómo les fue. Lo demás debía haber llegado en el actual periodo. Sin embargo, todo ha saltado por los aires. Los mecanismos simples se han impuesto a los debates de calado y se acude al argumento sin peso de convertir la idea en una percha para exigir infraestructuras innecesarias y caras sin hacer una auditoría precisa de lo que esta ciudad ya tiene y es capaz de poner a disposición de la demanda cultural. Se pasa de usar Granada 2031 como un medio a emplearlo como un fin. La presencia de agentes culturales externos que propicien encuentros para abordar situación de buenas y malas prácticas, ha sido sustituida por charlas protagonizadas por de los responsables culturales locales que nos cuentan lo que ya sabemos de sobra y que suman poca novedad a la posibilidad ambiciosa de construir un conjunto de políticas que sitúen a Granada en el escenario cultural europeo en sintonía con lo que esté pasando en otras ciudades del continente.

Porque a mi juicio, esa es la clave de todo. Granada 2031 debe ser una oportunidad para construir un proyecto que dentro de 10 años diseñe esa ciudad que, lejos de buscar referencias en Sevilla, Málaga o San Sebastián -con el debisdo respeto-, eleve la mirada para buscar su reflejo en Madrid, Barcelona, Londres, París o Berlín. Y también en otras ciudades de parecido tamaño al nuestro donde también se llevan a cabo actividades culturales de vanguardia (Edimburgo).

Granada 2031 debe ser una oportunidad para sacudirnos los hombros y salir del natural letargo endogámico de una Granada que o busca su salida por las estrellas o jamás saldrá de la ensoñación alhambreña romántica de los viajeros del XIX.

Granada 2031 debe ser una plataforma de lanzamiento para esa ciudad que aspiramos a ser y no para consolidar una ciudad que ya perdió demasiados trenes. Granada 2031 no puede ser solo un teatro para la ópera para el que no hay ni dinero ni demanda, sino que debe lanzar la idea de contar con una programación cultural estable, consolidada y de excelencia, poliédrica, que se base en la capacidad espectacular de los creadores de esta ciudad y en el imán atractivo que supone para tanta gente de fuera que sueña con conocerla. Tenemos que aspirar sin tapujos a coser el nombre de nuestra ciudad a un imaginario colectivo donde la Cultura, la de vanguardia, la urbana, la consolidada, la rompedora, la prestigiosa, la ‘underground’, la mayúscula y la minúscula, tenga un espacio propio y compartido en la Granada multidimensional con sus referentes en los espacios más importantes del mundo.

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