Maneras de conjugar el tiempo

Tiemblan las rodillas cuando ves tu nombre en un letrero luminoso en la entrada de una editorial. Es ahí, con esos detalles que asaltan la mirada, cuando se toma conciencia real de que la locura de publicar un libro ha sobrepasado el dintel del sueño y pasa a ser una cosa en tres dimensiones (o cuatro), corpórea, palpable, real. Llegados a ese punto, la memoria busca alimento en el pasado y deglute los recuerdos transportándolos a un presente etéreo, nebuloso, algo intangible. Reaparecen las horas de dudas antes de efectuar la llamada definitiva, el testeo, el gesto no carente de desesperación, el arrepentimiento posterior…

En mi caso fue una noche de marzo o de abril de 2020. Sí. En pleno confinamiento. Las horas de encierro se hacían interminables y la noche -siempre la noche-, abría de par en par el cuaderno en blanco. En sus hojas aterrizaban pensamientos traducidos a palabras. Traían ecos de conversaciones telefónicas, de charlas por whatsApp, de poemas de otros, de publicaciones en redes. Mastiqué durante varios días un ¿por qué no?, y un ¿acaso hay algo que perder?, que estaban en dura pugna contra el ¿dónde vas?, o ¿no crees que es demasiado pretencioso? Al final, el ejército primero derrotó al segundo y llamé a Mariana, editora de Esdrújula. Durante unos instantes deseé que no cogiera el teléfono, deseé seguir instalado en esa pugna travestida en zona de confort. Pero hay deseos que no se cumplen quizás porque no dio tiempo a macerarlos o quererlos de verdad. El caso es que descolgó y, desde ese mismo instante arrancó una aventura que no terminé de creerme hasta que Javier Gilabert -siembre Gilabert-, una mañana muy temprano me envió un enlace de la página de Esdrújula donde aparecía mis ‘Maneras de conjugar el tiempo’, como una de las novedades editoriales del año.

Reuniones, contratos, revisiones, llamadas, nada de eso fue tan eficiente como ese enlace, como el luminoso en la calle Flores, como la primera entrevista, de la que os hablaré pronto. Nada. Y aquí estamos, retomando esta pequeña bitácora en la que dejaré mis miedos, mis inseguridades, la responsabilidad a modo de terapia compartida.

Como siempre, agradezco tu complicidad y tu aprecio.

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